sábado, 1 de marzo de 2008

MALENTENDERSE BIEN

"Las palabras son un rompecabezas que reflejan nuestros pensamientos, solo hay que ordenarlas y alli resolveremos el enigma......"

En ocasiones, no acabamos de entendernos. Sería injusto atribuirlo sin más, a la falta de voluntad de nuestro interlocutor, aunque podria deberse a eso, incluso a la propia. Pero resulta descorazonador cómo tantas veces no es suficiente con la mejor de las intenciones. Creadas supuestamente todas las condiciones, preparados los más idóneos contextos y disposiciones, no hay modo de que haya efectiva y verdadera comunicación. Es tal el desencuentro que propiamente no cabria hablar de desacuerdo. No llega a ser posible ni la controversia, ni la confrontación. Simplemente la falta de sintonia impide oir, es como si se emitiera en una frecuencia no perceptible y entonces, solo cabe hablar y escuchar sin ton ni son. Habíamos dispuesto, nos habíamos propuesto, e irrumpe el dolor de la incomunicación. Se suceden las frases y todo parece ya oido de antemano, suena pero no llega, no afecta. No es que no convenza o conmueva, aunque también sea asi, es que más bien parecería que poblado de todo de voz y voces, ni hay palabras, ni se dice palabra, en rigor ni siquiera cabría hablar de discusión, aunque puede acabar habiéndola, siquiera para ocultar que el asunto es aún mas grave. Podría ocurrir que no solo no lleguemos a escuchar, es que en definitiva los hechos subrayarian que nuestro interés por el otro como otro, por él , por ella, era siemplemente un afán de exculpación o de marcar distancias, o de confirmar sus limitaciones, o de pasar factura, o de desahogarse, o de liberarse, o de pedir explicaciones, o de justificarse...formas en definitiva, de un me van a oir, que es tanto como reconocer que le hablo a él o a ella, pero no hablo con él, con ella. Supuesto interes , efectiva indiferencia. A veces los estados de ánimo pueden llegar a funcionar como estados no solo de opinión, sino como estados de salud, no solo como estados de excepción, sino como estados constitutivos. Regidos por ello, todo resulta supuestamente sincero , pero viene a ser el reino de lo incontrolable, de lo imprevisible, la huida de los argumentos. También puede ocurrir que el discurso resulte coherente, mesurado, vertebrado, razonable y sin embargo, no sea veraz. Incluso uno podria tener razón y no ser verdad lo que dice. Asi solo cabe entonces, que lo que a alguien le hace hablar se corresponda con lo que al otro le hace escuchar. Solo si coinciden el poder de la buena voluntad y la buena voluntad de poder cabe en rigor la conversación. Dificil, siempre dificil, pero posible. Se trata en definitiva, de algo más que un intercambio de información, no basta tampoco con una adecuada comunicación, se precisa comprensión, la que se hace cargo de las propias limitaciones , incluso miserias, para abrirse generosa y simpáticamente a la palabra que viene del otro , que es la suya. Y aún asi, no esta garantizado el encuentro.

"Esto me vino en mente a raiz de ver el debate en tv, de los dos lideres politicos"



domingo, 24 de febrero de 2008

UN IDEAL COMO MOTOR

"Una gran vida es un ideal de la juventud realizado en la edad madura"

Hay dos formas de ir por la vida; movidos por las obligaciones, actuando por pura inercia, o por un ideal que actúa como motor de la misma. Solo este matiz es capaz de establecer una gran diferencia. En el primer caso somos prisioneros de la propia vida, en el segundo somos actores. Por eso vale la pena el plantearnos que es realmente lo que puede dar sentido a nuestra existencia, para ello tenemos que desterrar dos vicios de nuestro tiempo : la idea de que un ideal es algo propio de personas jovenes, y la que cuanto más se tiene, más se es. Por lo demás, ese motor de vida puede consistir en las cosas más diversas; la aspiración a una vida sencilla, el desarrollo de una vocación , la maternidad o paternidad , la búsqueda de uno mismo, la solidaridad.......o el ideal por excelencia, el afán de saber , de seguir aprendiendo a largo de toda la vida. Esta capacidad especificamente humana, hoy semienterrada en un mar de exigencias más apremiantes pero menos fundamentales, es en realidad nuestro verdadero tesoro, un bien seguro que nadie nos puede arrebatar; la mejor manera de mantener viva la llama interna. El afán de saber es, tal vez nuestro único y verdadero consuelo. A pesar de lo limitado de nuestra mente, a pesar tambien de la certeza de que el número de preguntas siempre excederá al de las respuestas, pero lo importante no es llegar a destino, sino andar el camino.